Sueños de libertad (Capítulo 430) ¿Marta perdonará a Digna culpa de María y la muerte de Jesús
La tarde caía sobre el barrio, tiñendo el cielo de un naranja intenso que contrastaba con la tristeza que envolvía a Marta. Sentada en el viejo sofá de su sala, miraba por la ventana, recordando los momentos felices que había compartido con Jesús. Su risa, su voz, y sobre todo, su amor, ahora eran solo recuerdos dolorosos. La muerte de Jesús había dejado un vacío en su corazón, y la culpa la consumía.
La Culpa de Digna
Digna, su amiga de toda la vida, había estado presente en los momentos más oscuros de su existencia. Sin embargo, la reciente revelación de que María, la hermana de Digna, había estado involucrada en el accidente que había costado la vida a Jesús, había puesto en jaque su relación. ¿Cómo podía perdonar a Digna por algo que su hermana había hecho? Esa pregunta la atormentaba.
“¿Cómo puedo mirarla a la cara sabiendo que su hermana es la responsable de mi dolor?”, murmuró Marta, sintiendo que las lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos. La culpa y el rencor se entrelazaban en su corazón, creando un torbellino emocional que no sabía cómo manejar.

El Encuentro Inminente
Esa noche, Digna había pedido verse con Marta. “Necesito hablar contigo”, le había dicho por teléfono, su voz temblando de emoción. Marta sabía que debía enfrentar la situación, pero el miedo la invadía. “¿Qué podría decirme Digna que cambiaría lo que ha pasado?”, pensó, sintiendo que la angustia la consumía.
Mientras el reloj avanzaba, el tiempo parecía detenerse. Finalmente, el timbre sonó, y Marta sintió que su corazón se aceleraba. Con un profundo suspiro, abrió la puerta y se encontró con Digna, que la miraba con ojos llenos de tristeza.
“Hola, Marta”, dijo Digna, su voz suave pero cargada de emoción.
“Hola”, respondió Marta, sintiendo que la tensión en el aire era palpable.
La Confesión de Digna
Digna entró y se sentó en el sofá, mirando a Marta con una mezcla de dolor y desesperación. “He estado pensando en todo lo que ha pasado. No sé cómo explicar lo que sucedió, pero necesito que sepas que no tengo la culpa de lo que hizo María”, comenzó Digna, sintiendo que cada palabra era un peso en su pecho.
“¿Y qué hay de la culpa, Digna? Tu hermana es la razón por la que Jesús ya no está aquí. ¿Cómo puedo perdonarte a ti cuando ella es la que causó todo esto?”, preguntó Marta, sintiendo que la ira comenzaba a brotar.
“Lo sé, lo sé. Pero por favor, escucha. No puedo controlar las acciones de María. Siempre he intentado hacer lo correcto, pero ella se ha dejado llevar por sus propios demonios”, explicó Digna, sintiendo que la desesperación comenzaba a apoderarse de ella.
La Lucha Interior
Marta cerró los ojos, sintiendo que las lágrimas caían por sus mejillas. “Te he querido como a una hermana, Digna. Pero esto… esto es demasiado. No sé si puedo seguir adelante con nuestra amistad después de lo que ha pasado”, dijo, sintiendo que su corazón se rompía.
“Entiendo tu dolor. Yo también estoy sufriendo. María es mi hermana, y la amo, pero no puedo justificar lo que hizo. Solo quiero que sepas que estoy aquí para ti, que estoy dispuesta a asumir la responsabilidad de lo que ha pasado”, respondió Digna, sintiendo que la angustia la consumía.
La Revelación del Pasado
Marta se levantó y comenzó a caminar por la habitación, intentando ordenar sus pensamientos. “¿Y qué hay de todas las veces que intentamos ayudar a María? Siempre estuvo en problemas, y ahora esto…”, dijo, sintiendo que la rabia comenzaba a transformarse en tristeza.
“Lo sé. Pero siempre creí que podríamos ayudarla. Nunca pensé que llegaría a este punto. Siempre pensé que Jesús estaría a salvo”, confesó Digna, sintiendo que el peso de la culpa la aplastaba.
Marta se detuvo y miró a Digna. “¿Y si hubiera estado allí? ¿Y si hubiera hecho algo para evitarlo? Tal vez Jesús aún estaría vivo”, dijo, sintiendo que la culpa comenzaba a ahogarla.
La Promesa de Digna
“No puedes cargar con esa culpa, Marta. No fue tu culpa. María tomó sus propias decisiones, y no podemos controlar eso”, insistió Digna, sintiendo que la desesperación comenzaba a invadirla.
“Pero ella es tu hermana. ¿Cómo puedes defenderla después de lo que hizo?”, replicó Marta, sintiendo que la rabia comenzaba a brotar.
“Porque la amo. Y porque sé que no es la persona que todos creen que es. Ha estado luchando con sus propios demonios, y yo he estado ciega a su dolor”, respondió Digna, sintiendo que la tristeza comenzaba a desbordarse.
La Decisión de Marta
Marta sintió que el aire se volvía pesado. “No sé si puedo perdonarte, Digna. No sé si puedo perdonar a María. La muerte de Jesús ha dejado un vacío que no sé cómo llenar”, dijo, sintiendo que la desesperación comenzaba a consumirla.
“No te pido que me perdones. Solo quiero que sepas que estoy aquí para ti, sin importar lo que pase”, respondió Digna, sintiendo que la tristeza comenzaba a invadirla.
Marta se quedó en silencio, sintiendo que la lucha interna se intensificaba. “¿Qué haría Jesús? ¿Él querría que guardara rencor?”, pensó, sintiendo que la voz de su amado resonaba en su mente.
La Luz de la Esperanza
Finalmente, Marta se sentó frente a Digna, sintiendo que la tristeza comenzaba a transformarse en algo más. “Tal vez, tal vez pueda encontrar una forma de perdonar. No solo por ti, sino por mí misma. No quiero vivir con este peso”, dijo, sintiendo que la esperanza comenzaba a brotar.
“Eso es todo lo que pido, Marta. Solo quiero que encuentres paz”, respondió Digna, sintiendo que la luz comenzaba a brillar entre ellas.
El Perdón
Con un profundo suspiro, Marta tomó la mano de Digna. “No será fácil, pero estoy dispuesta a intentarlo. Quiero honrar la memoria de Jesús y dejar atrás el dolor”, dijo, sintiendo que la determinación comenzaba a florecer.
“Juntas podemos encontrar la manera de seguir adelante. No estás sola en esto”, afirmó Digna, sintiendo que la esperanza comenzaba a renacer entre ellas.
La Promesa de un Nuevo Comienzo
Mientras la noche caía, Marta y Digna se abrazaron, sintiendo que la conexión entre ellas se fortalecía. “Prometamos que no dejaremos que el pasado nos defina. Vamos a luchar por un futuro en el que podamos recordar a Jesús con amor, no con dolor”, dijo Marta, sintiendo que la determinación comenzaba a florecer.
“Prometido. Juntas, encontraremos la manera de sanar”, respondió Digna, sintiendo que la esperanza comenzaba a brillar en sus corazones.
La Reflexión Final
Marta miró por la ventana, observando cómo la noche se apoderaba del cielo. “La vida sigue, y aunque Jesús ya no esté aquí, su amor siempre vivirá en nosotras”, pensó, sintiendo que la tristeza comenzaba a transformarse en gratitud.
“Hoy hemos dado un paso hacia adelante, y aunque el camino será difícil, sé que no estoy sola”, murmuró Marta, sintiendo que la esperanza comenzaba a renacer.
Con un nuevo propósito, ambas amigas se prepararon para enfrentar el futuro, dispuestas a honrar la memoria de Jesús y a encontrar la paz en medio del dolor. “El perdón no significa olvidar, sino aprender a vivir con lo que ha pasado. Y juntas, lo lograremos”, pensó Marta, sintiendo que la luz de la esperanza iluminaba su camino.