Ferit le confiesa a Seyran que no puede vivir sin ella: “Tengo miedo de un mundo en el que no estés”

La noche caía lentamente sobre la ciudad, y las luces de los edificios comenzaban a parpadear como estrellas en un cielo artificial. Ferit se encontraba en un pequeño parque, sentado en un banco solitario, su mente llena de pensamientos oscuros y temores profundos. El aire fresco de la noche no lograba despejar la tormenta que había en su corazón.

Seyran, con su cabello ondeando suavemente al viento, llegó poco después. Su presencia iluminaba el lugar, y Ferit sintió una mezcla de alivio y ansiedad al verla. Ella se acercó, su mirada llena de preocupación.

Ferit le confiesa a Seyran que no puede vivir sin ella: "Tengo miedo de un  mundo en el que no estés"

—Ferit, ¿estás bien? —preguntó, sentándose a su lado.

Él la miró, y por un momento, el mundo a su alrededor desapareció. Pero las palabras que necesitaba decirle parecían atascadas en su garganta. Finalmente, tomó una respiración profunda.

—Seyran, hay algo que necesito decirte —comenzó, su voz temblando ligeramente—. Tengo miedo.

Ella frunció el ceño, sorprendida por su confesión.

—¿Miedo? ¿De qué? —inquirió, su tono lleno de curiosidad y preocupación.

—Tengo miedo de un mundo en el que no estés —admitió, sintiendo cómo la presión en su pecho aumentaba—. No puedo imaginar mi vida sin ti.

Seyran lo miró fijamente, sus ojos brillando con una mezcla de compasión y sorpresa.

—Ferit, ¿por qué piensas así? Estamos juntos, siempre hemos estado juntos.

—Sí, pero… —se detuvo, buscando las palabras adecuadas—. La vida es tan incierta. Todo puede cambiar en un instante. ¿Y si algo te pasa? ¿Y si te alejas de mí?

Ella tomó su mano, intentando transmitirle su fuerza.

—No voy a ir a ninguna parte. Estoy aquí contigo, y siempre estaré aquí.

Pero Ferit sacudió la cabeza, la angustia reflejada en su rostro.

—No lo entiendes. A veces siento que estoy al borde de un precipicio, y si te alejas, caeré. La idea de perderte me consume. Es como si una sombra oscura se cerniera sobre mí, y no sé cómo luchar contra ella.

Seyran apretó su mano, su corazón latiendo con fuerza.

—No dejes que el miedo controle tu vida. Lo que sentimos el uno por el otro es más fuerte que cualquier cosa.

—¿Y si no es suficiente? —preguntó él, su voz apenas un susurro—. ¿Y si un día despierto y te das cuenta de que ya no me amas?

La expresión de Seyran se tornó seria.

—Ferit, eso no va a suceder. Te amo. Te he amado desde el primer momento en que te vi. Pero si sigues alimentando estos miedos, te perderás en ellos.

Él cerró los ojos por un momento, tratando de calmar la tormenta en su interior.

—No quiero que esto nos destruya. Quiero ser fuerte, pero a veces siento que estoy perdiendo el control.

—La verdadera fortaleza no significa no sentir miedo —dijo ella suavemente—. Significa enfrentar esos miedos juntos.

Ferit abrió los ojos, sintiendo cómo sus palabras comenzaban a calar en él.

—¿Cómo puedes ser tan fuerte? —preguntó, admirando su determinación.

—Porque creo en nosotros. Creo en lo que tenemos —respondió Seyran, su voz firme—. Y quiero que tú también lo creas.

Un silencio pesado se instaló entre ellos, y Ferit sintió que el peso de sus palabras comenzaba a desvanecerse.

—¿Y si te prometo que lucharé contra estos miedos? —dijo finalmente—. ¿Me ayudarías a encontrar la manera de hacerlo?

Seyran sonrió, una luz cálida y reconfortante.

—Siempre estaré a tu lado, Ferit. Juntos somos más fuertes.

Él asintió, sintiéndose un poco más ligero.

—Tengo que aprender a confiar, no solo en ti, sino también en mí mismo —admitió—.

—Eso es un buen comienzo —dijo ella, acariciando su mano—. No estás solo en esto.

Ferit sintió una oleada de gratitud.

—Gracias, Seyran. No sé qué haría sin ti.

—Y nunca tendrás que averiguarlo —respondió ella, mirándolo a los ojos—. Estamos en esto juntos, siempre.

Con esas palabras, el miedo que lo había consumido comenzó a desvanecerse, reemplazado por una renovada esperanza. Ferit comprendió que la vida era incierta, pero mientras tuvieran el uno al otro, podrían enfrentar cualquier cosa que se les presentara.

—Prometo que trabajaré en mis miedos —dijo Ferit, sintiéndose más decidido—. Quiero construir un futuro contigo, un futuro en el que ambos estemos presentes y felices.

Seyran sonrió, y en su expresión había una mezcla de amor y confianza.

—Eso es todo lo que quiero, Ferit. Un futuro juntos, donde podamos enfrentar lo que venga, mano a mano.

La noche avanzaba, y mientras las estrellas brillaban en el cielo, Ferit sintió que su corazón se llenaba de luz. Había mucho por delante, pero con Seyran a su lado, sabía que podría enfrentar cualquier desafío.

—Te amo, Seyran —dijo, sintiendo que esas palabras nunca habían tenido tanto significado.

—Y yo a ti, Ferit. Siempre.

Y así, en medio de la incertidumbre, encontraron consuelo en su amor, listos para enfrentar el futuro juntos, sin importar lo que les deparara el destino.