Avance semanal de ‘Sueños de libertad’, del 13 al 17 de octubre: Begoña acepta casarse con Gabriel y él sigue engañando a todos

La casa de los Villanueva se encontraba en un estado de expectación y tensión palpable, una tensión que se respiraba en el aire denso, como si algo fatal estuviera a punto de suceder. Todo parecía haber cambiado en los últimos días. Begoña, la matriarca de la familia, una mujer que había enfrentado tantos desafíos en su vida, había tomado una decisión trascendental: aceptaría la propuesta de Gabriel, un hombre que había vuelto a entrar en su vida como una tormenta, trayendo consigo promesas de amor eterno, pero también sombras de engaños ocultos.

Avance semanal de 'Sueños de libertad', del 13 al 17 de octubre: Begoña  acepta casarse con Gabriel y él sigue engañando a todos | Series

El salón principal de la mansión estaba iluminado con luces tenues que danzaban sobre los rostros expectantes de los familiares y amigos presentes. La celebración del compromiso estaba en pleno auge, pero había una inquietud en cada rincón de la habitación. Begoña, con una sonrisa que disimulaba una creciente preocupación, se encontraba de pie, al lado de Gabriel, mientras sus amigos y seres queridos aplaudían y felicitaban a la pareja.

“Gabriel, finalmente lo has logrado”, dijo Begoña con una risa nerviosa, tratando de ocultar las dudas que la asolaban por dentro. Su mano estaba unida a la de Gabriel, pero algo en la forma en que la apretaba le parecía distante, frío. No era la calidez que había sentido en sus primeros días juntos. Sin embargo, su decisión estaba tomada. ¿Qué quedaba si no la tomaba? La soledad que había vivido durante años, la incertidumbre de un futuro incierto sin él… Era la oportunidad para redimir sus propios errores, para encontrar paz.

“Te prometo que seré todo lo que necesitas, Begoña”, dijo Gabriel, con su voz suave pero peligrosa. Su tono sonaba convincente, pero había algo en su mirada que no cuadraba. Era como si estuviera jugando un juego, como si tuviera un plan oculto que ninguno de los presentes podía imaginar. Nadie podía saber que Gabriel ya había comenzado a tejer su red de mentiras, manipulando a todos a su alrededor, y que esta boda no era solo un acto de amor, sino un movimiento estratégico que le daría el control total sobre la familia Villanueva.

La situación se volvía aún más turbia cuando Claudia, hija de Begoña, entró en la habitación, viendo con desdén cómo su madre sonreía junto a Gabriel. Claudia, quien había sido testigo de las manipulaciones de Gabriel desde el principio, no podía soportar lo que estaba sucediendo. A lo lejos, sus ojos se encontraron con los de Andrés, su confidente, quien la observaba con preocupación. Sabía que Claudia estaba a punto de estallar, que la mentira que Gabriel había construido con tanto cuidado ya no podía ser ignorada.

“¿Vas a hacer esto, mamá?”, preguntó Claudia, casi en un susurro, pero su voz cargada de angustia resonó en la sala. “¿Vas a casarte con un hombre que ha manipulado todo a su alrededor, que ha jugado con tus emociones solo para ganar poder?”

Las palabras de Claudia dejaron a todos en silencio. Los aplausos cesaron y las miradas se fijaron en Begoña, que, con una expresión que no lograba ocultar su incertidumbre, miró a su hija. “Claudia, no entiendes. Lo he pensado mucho. Gabriel… Gabriel me hace sentir viva otra vez. Ya no estoy sola. Y eso es lo que necesito.”

Pero Claudia, con el corazón roto, se acercó a su madre y la tomó del brazo. “Mamá, no te dejes engañar. Él no te ama. Solo está usando tus sentimientos para obtener lo que quiere. Todo esto es una fachada, una mentira.”

En ese momento, la voz de Gabriel interrumpió, fría y autoritaria. “Claudia, creo que deberías aprender a respetar las decisiones de tu madre”, dijo con una sonrisa envenenada. “Tu madre ha elegido lo que cree que es mejor para ella. Tú no eres nadie para juzgar.”

El enfrentamiento entre Claudia y Gabriel se volvió más tenso. La ira y el resentimiento de Claudia hacia el hombre que había manipulado a su madre, y a toda su familia, no podía ser más evidente. Sabía que si su madre se casaba con él, las cosas no serían las mismas. Gabriel había logrado engañar a todos con su fachada perfecta, pero detrás de su mirada encantadora y sus promesas vacías se escondía un hombre oscuro, cuyo único objetivo era tomar el control de la familia Villanueva.

Gabriel, viendo que el conflicto se intensificaba, tomó a Begoña por el brazo y la condujo hacia la puerta. “Ven, querida. No quiero que sigas escuchando estas tonterías. Nosotros sabemos lo que es mejor para nosotros.”

Begoña miró a su hija con dolor, pero finalmente asintió, dejando que Gabriel la guiara hacia el vestíbulo, mientras Claudia y Andrés los observaban desde la distancia. Andrés, quien había estado al lado de Claudia en todo momento, se acercó a ella, preocupado por su bienestar.

“Claudia, tienes que hacer algo. No puedes dejar que tu madre caiga en las garras de Gabriel. Está manipulando a todos, y el momento de actuar es ahora”, le dijo Andrés, con urgencia en su voz.

Claudia lo miró, sus ojos llenos de desesperación. “¿Qué puedo hacer, Andrés? Mi madre ya está tomada por él. Ya está comprometida. Gabriel ha ganado.”

“Lo que puedas hacer es confrontarlo. No dejes que él gane tan fácilmente”, respondió Andrés, sin apartar la vista de la puerta donde Gabriel y Begoña habían desaparecido.

Mientras tanto, en el vestíbulo, Gabriel y Begoña se encontraban a solas. Gabriel, con su mirada calculadora, la miraba fijamente. “Este es el comienzo de una nueva etapa, Begoña”, dijo, sonriendo. “Juntos, controlaremos todo. La familia, los negocios… todo.”

Begoña, que había estado en silencio, lo miró con ojos cansados. “No sé si esto es lo que quiero, Gabriel. Estoy tan confundida. A veces siento que todo esto no es real.”

Gabriel, acercándose a ella con una sonrisa encantadora, la tomó por la cintura. “Todo lo que te estoy dando es real, Begoña. La seguridad, el amor, el control. Lo que tu familia necesita. Yo te necesito, y tú me necesitas a mí.”

Begoña, sintiendo un nudo en el estómago, pensó por un momento. ¿Era esto lo que realmente quería? ¿Había llegado tan lejos que ya no podía dar marcha atrás? Gabriel había logrado su objetivo, pero aún quedaba algo que Begoña no podía ver. Él estaba jugando un juego peligroso, y Begoña, aunque atrapada, aún no sabía que las piezas del ajedrez ya estaban siendo movidas.

Mientras las horas pasaban y la fiesta llegaba a su fin, Claudia no podía dejar de pensar en lo que se avecinaba. Su madre, entregada a Gabriel, había tomado una decisión que cambiaría todo. Pero Claudia sabía que la lucha no había terminado. Gabriel seguía manipulando, y ella no iba a quedarse de brazos cruzados mientras la familia se desmoronaba bajo sus mentiras.