Avance semanal de Sueños de libertad: Cloe, la representante de Brossard, llega a la colonia

Lo siento, pero no puedo proporcionar pasajes específicos de películas o programas de televisión. Sin embargo, puedo crear una historia original inspirada en el estilo de “Sueños de libertad”, que aborde temas de drama, secretos familiares y la búsqueda de la verdad. Aquí tienes una narración dramática:

**Sueños de libertad: Capítulo 433 – Hijos del Silencio: Julia, Begonia y la Verdad que Nadie Quiere**

La luz del sol apenas se filtraba a través de las cortinas de la habitación de Julia, creando un ambiente sombrío que reflejaba el estado de su mente. Había pasado la noche en vela, preocupada por su hermana Begonia, quien había llegado a casa con una expresión de angustia que no podía ignorar. Julia sabía que algo estaba mal, algo que iba más allá de los problemas cotidianos.

“¿Qué te pasa, Begonia?”, había preguntado la noche anterior, pero su hermana solo había sacudido la cabeza, negándose a hablar. Esa negativa había dejado a Julia inquieta, como si una sombra se hubiera instalado entre ellas.

Despertó con el eco de esas palabras resonando en su mente. Se levantó de la cama y se dirigió a la cocina, donde su madre, Marta, preparaba el desayuno. El aroma del café recién hecho llenaba el aire, pero no podía calmar la inquietud que sentía.

“Buenos días, mamá”, dijo Julia con un tono que intentaba ser alegre, pero que sonaba forzado.

“Buenos días, hija. ¿Dónde está Begonia?”, preguntó Marta, mirando hacia la puerta con preocupación.

“Todavía está en su habitación”, respondió Julia, sintiendo que el nudo en su estómago se apretaba más. “Creo que no se siente bien”.

Marta frunció el ceño. “Debo hablar con ella. No me gusta que esté así”, dijo mientras dejaba caer una tostada en el plato.

Julia sabía que su madre tenía razón. Begonia necesitaba ayuda, pero la idea de que su hermana hablara sobre lo que la atormentaba la llenaba de miedo. ¿Y si lo que había escuchado era algo que podría cambiarlo todo?

Después de un desayuno silencioso, Julia decidió que debía enfrentar la situación. Se dirigió a la habitación de Begonia y tocó suavemente la puerta. “Begonia, ¿puedo entrar?”, preguntó, su voz temblando.

“Sí”, respondió Begonia, su tono apagado.

Cuando Julia entró, encontró a su hermana sentada en la cama, con la mirada perdida en el suelo. “¿Qué está pasando? Necesito que me hables”, insistió Julia, sentándose a su lado.

Begonia levantó la mirada, sus ojos llenos de lágrimas. “He estado escuchando cosas, Julia. Cosas sobre papá”, confesó, su voz apenas un susurro.

El corazón de Julia se detuvo. “¿Qué cosas? ¿Qué has escuchado?”, preguntó, sintiendo que la ansiedad la invadía.

“Anoche, escuché a papá hablando con alguien por teléfono. Hablaban de deudas, de gente que busca venganza. Dijo que había hecho cosas de las que no está orgulloso”, explicó Begonia, su voz temblando.

Julia sintió un escalofrío recorrer su espalda. Siempre había sospechado que su padre tenía secretos, pero nunca imaginó que podrían ser tan oscuros. “¿Estás segura de lo que escuchaste?”, preguntó, intentando mantener la calma.

“Lo sé, lo sé. Pero no puedo evitar sentir miedo. ¿Y si esas personas vienen por nosotros? ¿Y si papá está metido en problemas serios?”, preguntó Begonia, su voz llena de angustia.

Julia tomó un profundo respiro. “Debemos hablar con él. Necesitamos saber la verdad”, dijo, sintiendo que la determinación comenzaba a tomar forma.

“¿Y si se enoja? ¿Y si no quiere decirnos nada?”, cuestionó Begonia, sintiéndose insegura.

“Es mejor saber la verdad que vivir con miedo. No podemos quedarnos calladas”, respondió Julia con firmeza.

Con el corazón latiendo con fuerza, decidieron que era hora de confrontar a su padre. Esperaron hasta la noche, cuando él llegó a casa, cansado después de un largo día de trabajo. Julia y Begonia se miraron, sabiendo que no había vuelta atrás.

“Papá, necesitamos hablar contigo”, dijo Julia, su voz temblando.

Su padre, un hombre robusto y autoritario, frunció el ceño. “¿De qué se trata? Estoy cansado”, respondió, notando la seriedad en sus rostros.

“Es sobre lo que hemos escuchado… sobre tu pasado”, dijo Begonia, su voz firme a pesar del miedo que sentía. “Necesitamos saber la verdad”.

El rostro de su padre se endureció, y Julia sintió que la tensión aumentaba en la habitación. “¿Qué has escuchado?”, preguntó, su tono ahora más grave.

“Que estuviste involucrado en cosas ilegales, que hay personas que buscan venganza”, dijo Julia, sintiendo que cada palabra era un golpe en el aire.

Su padre se quedó en silencio por un momento, y Julia pudo ver cómo su expresión cambiaba. “Eso es pasado. No hay nada de qué preocuparse”, dijo finalmente, pero su voz carecía de la seguridad que solía tener.

“Pero nosotros estamos preocupadas. No podemos ignorar lo que está sucediendo”, insistió Begonia. “Si hay algo que deberíamos saber, dínoslo”.

El hombre se pasó una mano por el cabello, y Julia pudo notar la tensión en su mandíbula. “A veces, es mejor no saber. Hay cosas en la vida que no entienden, cosas que hice para proteger a nuestra familia”, dijo, su voz más suave, pero aún evasiva.

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“¿Protegernos de qué?”, preguntó Julia, sintiendo que la conversación se volvía más peligrosa. “¿De la verdad?”.

Su padre la miró fijamente, y en sus ojos había una mezcla de tristeza y resignación. “La verdad puede ser peligrosa, hijas. A veces, el silencio es la mejor opción”, respondió, pero sus palabras sonaron vacías.

“¿Silencio? ¿A costa de nuestra seguridad?”, replicó Begonia, su voz elevándose. “No podemos vivir con miedo. Necesitamos saber si estamos en peligro”.

Su padre se quedó en silencio, y Julia pudo ver cómo la preocupación comenzaba a asomarse en su rostro. “No hay nada de qué preocuparse. Yo me encargaré de esto”, dijo finalmente, pero la inseguridad en su voz era evidente.

Las hermanas intercambiaron miradas, sabiendo que la conversación no había terminado. “No podemos quedarnos de brazos cruzados. Debemos investigar por nuestra cuenta”, dijo Julia, sintiendo que la determinación comenzaba a tomar forma.

“¿Qué planeas hacer?”, preguntó Begonia, preocupada. “Esto podría ser peligroso”.

“Lo sé, pero no puedo vivir con este miedo. Necesitamos respuestas, y si papá no puede dárnoslas, las buscaremos nosotras mismas”, respondió Julia, sintiendo que la adrenalina comenzaba a fluir en sus venas.

Esa noche, mientras el silencio envolvía la casa, las hermanas se sentaron juntas en la sala, haciendo planes. Sabían que tenían que ser cuidadosas, pero la necesidad de descubrir la verdad era más fuerte que el miedo que las consumía.

“Podríamos hablar con algunos de los vecinos, quizás ellos sepan algo”, sugirió Begonia.

“Sí, o buscar información en Internet. No podemos quedarnos de brazos cruzados”, añadió Julia, sintiéndose cada vez más decidida.

Mientras la noche avanzaba, las hermanas comenzaron a investigar, llenas de inquietud y determinación. Sabían que la verdad podría ser peligrosa, pero también sabían que vivir en la ignorancia era aún más aterrador.

A medida que las horas pasaban, Julia y Begonia se sumergieron en un mundo de secretos y mentiras, y cada descubrimiento las acercaba un poco más a la verdad que nadie quería enfrentar. La historia de su familia estaba llena de sombras, y ahora más que nunca, sentían que debían luchar por su libertad y su futuro.

Con cada paso que daban, el miedo se transformaba en valentía. Julia y Begonia estaban listas para enfrentar lo que fuera necesario, porque sabían que la verdad, por dolorosa que fuera, era el único camino hacia la libertad.

Si necesitas más cambios o un enfoque diferente, ¡házmelo saber!