Cristina está lista para abandonar la colonia en ‘Sueños de libertad’ y nadie sabe qué pasará después

El sol se ocultaba lentamente en el horizonte, tiñendo el cielo de un profundo color naranja que se reflejaba en las ventanas de la colonia. Cristina se encontraba en su habitación, rodeada de cajas y recuerdos, sintiendo el peso de la decisión que había tomado. Había pasado años en esta colonia, atrapada en un ciclo de rutina y expectativas, pero ahora, por fin, estaba lista para dar el salto hacia lo desconocido.

Mientras miraba por la ventana, las imágenes de su infancia y adolescencia en la colonia pasaban por su mente como un torrente de recuerdos. Había risas, juegos y momentos de felicidad, pero también había tristeza, restricciones y sueños aplastados. La idea de dejar todo atrás la llenaba de miedo, pero al mismo tiempo, una chispa de esperanza iluminaba su corazón.

Cristina está lista para abandonar la colonia en 'Sueños de libertad' y nadie  sabe qué pasará después - Revista Mia

“¿Estás segura de lo que haces, Cristina?” La voz de su amiga Laura resonó detrás de ella, rompiendo el silencio. Cristina se dio la vuelta y vio a Laura con una expresión de preocupación en su rostro. “Es un gran paso. No sabes qué te espera allá afuera.”

Cristina suspiró. “Lo sé, Laura. Pero no puedo seguir viviendo así. Necesito descubrir quién soy realmente, sin las cadenas de esta colonia. No puedo quedarme aquí y perderme a mí misma.”

Laura se acercó y tomó las manos de Cristina entre las suyas. “Te entiendo, pero también tengo miedo por ti. La vida fuera de aquí no es fácil. No tienes idea de lo que te espera.”

“Prefiero enfrentar lo desconocido que seguir en este lugar donde no pertenezco”, respondió Cristina, su voz firme. “He estado soñando con esto durante tanto tiempo. Necesito hacerlo por mí misma.”

Laura la miró con tristeza. “Te voy a extrañar. Siempre has sido mi mejor amiga. ¿Qué harás cuando llegues a la ciudad?”

“Buscaré un trabajo, un lugar donde vivir. Quiero estudiar, aprender, crecer. No sé exactamente qué voy a hacer, pero sé que tengo que intentarlo”, dijo Cristina, sintiendo una mezcla de emoción y nerviosismo.

“Prométeme que estarás bien. Que no te olvidarás de mí”, dijo Laura, sus ojos brillando con lágrimas.

“Prometo que nunca te olvidaré. Siempre estarás en mi corazón”, respondió Cristina, abrazándola con fuerza. El abrazo fue un recordatorio de todo lo que dejaba atrás, pero también de la amistad que siempre llevaría con ella.

La noche cayó, y Cristina se sentó en su cama, mirando las cajas llenas de sus pertenencias. Había empacado solo lo esencial: algunas ropas, fotos, y un diario donde había escrito sus sueños y anhelos. Se sintió abrumada por la emoción, pero también decidida. Mañana sería el día en que comenzaría una nueva vida.

A la mañana siguiente, el aire fresco de la mañana la despertó. Se levantó, se vistió y miró por última vez su habitación. Cada rincón contenía recuerdos, pero sabía que era hora de dejar todo atrás. Se despidió de la casa que había sido su refugio, aunque a veces se sintiera como una prisión.

Al salir, notó que la colonia comenzaba a despertar. Las familias se preparaban para el día, y los niños jugaban en la calle. Cristina sintió un nudo en el estómago. Sabía que su decisión no solo la afectaría a ella, sino también a todos los que la rodeaban.

“¡Cristina!” La voz de su madre la llamó desde la cocina. Se detuvo y respiró hondo. Sabía que tendría que enfrentar a su familia, especialmente a su madre, quien había sido su mayor apoyo, pero también quien más temía su partida.

“¿Vas a salir?” preguntó su madre, con una mirada que mezclaba preocupación y amor. “No olvides que tienes responsabilidades aquí.”

“Lo sé, mamá, pero necesito hacer esto. Necesito encontrar mi propio camino”, respondió Cristina, sintiendo que cada palabra era un desafío a las expectativas familiares.

“¿Y si algo sale mal? La vida en la ciudad es peligrosa, no es como aquí”, insistió su madre, su voz temblando.

“Lo sé, pero quedarme aquí es igual de peligroso para mí. No puedo vivir mi vida con miedo”, dijo Cristina, su determinación creciendo. “Quiero ser libre.”

Su madre la miró, y por un momento, el silencio se hizo pesado. Finalmente, suspiró. “Solo quiero que seas feliz, hija. Si esto es lo que realmente quieres, entonces te apoyaré.”

Cristina sintió un alivio mezclado con tristeza. Sabía que dejar la colonia significaba dejar atrás a su familia, pero también era un paso necesario para su crecimiento personal. Después de un abrazo lleno de emociones, salió de casa y se dirigió hacia la estación de autobuses.

El camino hacia la estación estaba lleno de recuerdos. Cada esquina, cada edificio, le recordaba momentos de su vida en la colonia. Pero hoy, todo eso se sentía diferente. Hoy, estaba lista para romper las cadenas que la mantenían atada.

Al llegar a la estación, el bullicio de la gente la recibió. Familias despidiéndose, viajeros con prisa, y el sonido de los anuncios llenaban el aire. Cristina sintió un hormigueo en el estómago. Este era el primer paso hacia su libertad, pero también el más aterrador.

Mientras esperaba el autobús, observó a su alrededor. Las personas parecían tan seguras de sí mismas, como si supieran exactamente a dónde iban. Ella, en cambio, se sentía como una hoja arrastrada por el viento, sin un rumbo claro. Pero sabía que eso era parte del viaje. A veces, la incertidumbre era necesaria para encontrar el camino correcto.

Finalmente, el autobús llegó, y Cristina subió, buscando un asiento junto a la ventana. A medida que el vehículo se alejaba de la colonia, sintió una mezcla de tristeza y emoción. Cada kilómetro que pasaba representaba un paso más hacia su nueva vida, pero también un adiós a todo lo que conocía.

Con cada bache en el camino, sus pensamientos se agolpaban en su mente. ¿Qué haría al llegar a la ciudad? ¿Encontraría un trabajo? ¿Haría nuevos amigos? La ansiedad la invadía, pero también la adrenalina de lo desconocido. Esta era su oportunidad de reinventarse, de convertirse en la persona que siempre había querido ser.

El paisaje cambiaba rápidamente, y con cada cambio, Cristina sentía que una parte de su antiguo yo se desvanecía. La libertad que había anhelado durante tanto tiempo estaba al alcance de su mano, pero el miedo a lo desconocido también la seguía. ¿Sería capaz de enfrentar los desafíos que vendrían?

Cuando el autobús finalmente llegó a la ciudad, Cristina sintió que su corazón latía con fuerza. La multitud, los ruidos, las luces brillantes: todo era abrumador y emocionante al mismo tiempo. Se bajó del autobús y respiró hondo, sintiendo el aire fresco y nuevo en sus pulmones.

Mientras caminaba por las calles, la realidad de su decisión comenzó a asentarse. Estaba sola en un lugar desconocido, pero también estaba libre. La vida en la ciudad prometía ser un desafío, pero Cristina estaba lista para enfrentarlo. Había dejado atrás la colonia, pero llevaba consigo sus sueños, su determinación y el deseo de ser verdaderamente libre.

A medida que avanzaba, una sensación de empoderamiento la invadía. Sabía que el camino no sería fácil, pero estaba dispuesta a luchar por su futuro. Nadie sabía qué pasaría después, pero Cristina estaba lista para descubrirlo. La vida la esperaba, llena de posibilidades, y ella estaba decidida a aprovechar cada una de ellas.