Avance semanal de ‘Sueños de libertad’: Raúl recibe presión para dejar su trabajo y Marta anima a Andrés en su futuro enlace con Begoña

El reloj marcaba las primeras horas de la tarde en la ciudad, y la mansión de los Villanueva parecía estar sumida en una calma inquietante. Los pasillos, normalmente llenos de vida y ruido, ahora se sentían vacíos. El viento golpeaba suavemente las ventanas, trayendo consigo el eco de un futuro incierto. Dentro de esas paredes, los personajes de esta historia se movían como piezas de un ajedrez, pero los movimientos eran cada vez más desesperados, y las decisiones más arriesgadas.

Avance semanal de 'Sueños de libertad': Raúl recibe presión para dejar su  trabajo y Marta anima a Andrés en su futuro enlace con Begoña

En el despacho de Raúl, la tensión era palpable. Desde que había comenzado a trabajar para la familia Villanueva, las cosas se habían complicado de manera inesperada. Su jefe, Gabriel, quien parecía siempre tener una sonrisa afable y una mirada cálida, había comenzado a presionarlo más que nunca. Lo que antes parecía ser una oportunidad profesional ahora se había transformado en una trampa, un laberinto del que Raúl no sabía si podría escapar.

La última reunión había sido la gota que colmó el vaso. Gabriel lo había citado en su oficina, un lugar que parecía cada vez más opresivo, como un escenario donde se libraba una batalla sin armas visibles.

“Raúl”, dijo Gabriel, su voz suave pero cortante, “has estado trabajando para mí durante mucho tiempo. Has demostrado tu lealtad, y por eso te aprecio, pero las circunstancias han cambiado. Necesito que tomes una decisión.”

Raúl lo miró confundido. “¿Qué tipo de decisión?” preguntó, intentando entender si estaba realmente hablando en serio.

“Dejar tu trabajo en la empresa. Quiero que trabajes exclusivamente para mí”, dijo Gabriel, sin dar más detalles. La propuesta era tentadora, sí, pero algo en la manera en que lo había dicho le hizo sentir que había más en juego de lo que parecía.

Raúl sabía que esta no era solo una oferta de trabajo; era un intento de control, de forzarlo a tomar partido en un juego mucho más grande de lo que había imaginado. Gabriel quería más que su profesionalismo, quería su lealtad incondicional, y estaba dispuesto a usar cualquier táctica para conseguirlo.

“¿Dejar mi trabajo?”, repitió Raúl, sin poder ocultar la incredulidad en su voz. “No sé, Gabriel… Tengo mis compromisos, mi vida está aquí. No puedo dar ese paso sin pensar en las consecuencias.”

“Las consecuencias, Raúl, son simples”, dijo Gabriel con una sonrisa tensa. “O aceptas mi oferta y te conviertes en una pieza clave en mi equipo, o te arriesgas a quedarte fuera de todo esto. Los Villanueva están tomando decisiones que afectarán a todos. Tú decides.”

Raúl se quedó en silencio, luchando con sus propios pensamientos. Sabía que si aceptaba, perdería parte de su libertad, pero si no lo hacía, corría el riesgo de perder todo lo que había construido. Sin embargo, lo que más lo perturbaba no era la oferta, sino el hecho de que estaba siendo presionado a tomar una decisión sin tener toda la información.

Mientras tanto, Marta, una amiga cercana de Andrés, se encontraba sentada en su pequeño apartamento, reflexionando sobre lo que había sucedido en los últimos días. Andrés había estado emocionalmente destrozado después de todo lo que había ocurrido con Begoña. El destino de ambos parecía estar atado a una serie de decisiones equivocadas, pero Marta sabía que Andrés aún podía encontrar una salida. La pregunta era si se atrevería a dar el paso que cambiaría su vida para siempre.

Había una razón por la que Marta había sido siempre el pilar de Andrés en momentos de crisis: su capacidad para ver más allá de la tormenta y encontrar la luz en medio de la oscuridad. Y hoy no iba a ser la excepción. Sabía que Andrés necesitaba tomar el control de su vida, de su futuro con Begoña. Pero primero, tenía que encontrar el valor para hacerlo.

Andrés“, le dijo Marta con firmeza en su voz cuando finalmente se encontraron en un café cerca de su oficina. “No puedes seguir esperando. Sabes lo que quieres, sabes lo que Begoña significa para ti. Lo que pasa es que tienes miedo, y el miedo solo te va a frenar. No puedes permitir que eso siga controlando tus decisiones.”

Andrés, con una mirada sombría, la observó. “Pero Marta, ¿y si todo sale mal? ¿Y si…? Lo he perdido todo antes, y no sé si puedo volver a poner mi corazón en esto. Begoña está atrapada en este juego de poder, y yo también.”

Marta lo interrumpió, con una mezcla de ternura y dureza en su voz. “Lo que te pasa, Andrés, es que te has dejado llevar por los miedos del pasado. Begoña te necesita, no solo como alguien que la ama, sino como alguien que también tiene el valor de ser valiente. Si tú no das el primer paso, nunca vas a saber lo que podría ser.”

Las palabras de Marta calaron profundo en Andrés. Sabía que ella tenía razón. Pero aún quedaba una duda, una sombra que lo perseguía: la sombra de Gabriel. ¿Qué pasaría si Gabriel intentaba manipularlo a él también? Andrés no podía permitir que eso sucediera, pero tenía que ser más astuto, tenía que ser más fuerte.

“Marta, tienes razón. No puedo seguir con este miedo. Begoña merece saber lo que siento, y yo merezco ser honesto conmigo mismo”, dijo Andrés, decidido. “Voy a hacerlo. Voy a pedirle que se case conmigo. No importa lo que pase después.”

Marta sonrió, satisfecha con la resolución de su amigo. “Eso es lo que quiero oír, Andrés. Ahora, solo tienes que mantener tu palabra. No dejes que Gabriel o nadie más te haga dudar de lo que tienes en tu corazón.”

Con esa conversación en mente, Andrés sintió que la presión que lo había estado asfixiando comenzaba a ceder. Había tomado una decisión, y aunque el camino no sería fácil, sabía que al final el valor que mostrara hoy lo conduciría a un futuro más libre.

Mientras tanto, Raúl volvía a la oficina después de la reunión con Gabriel, sumido en sus pensamientos. ¿Debería aceptar la oferta? Sabía que si lo hacía, nunca volvería a ser el mismo. Y lo peor era que, aunque deseaba algo más, algo que le diera paz, temía que al final todo fuera parte de un juego sucio en el que él no tenía el control.

El sonido del teléfono lo interrumpió. Era Marta. “Raúl, ¿todo bien?” preguntó, con una ligera preocupación en su voz.

“Estoy perdido, Marta”, respondió Raúl, sintiendo el peso de sus palabras. “Gabriel me está presionando para que deje mi trabajo, para que me convierta en su hombre de confianza. Pero algo no está bien. No sé qué hacer.”

Marta lo entendió, y aunque no podía tomar decisiones por él, le ofreció un consejo sincero. “Raúl, lo que decidas, asegúrate de que sea por ti mismo. No dejes que la presión de Gabriel o de nadie más determine tu futuro. La libertad no se compra, y tú mereces ser libre.”

Esa conversación, aunque breve, dejó a Raúl pensando profundamente. Tal vez lo único que le quedaba era dar un paso atrás y recuperar su vida. Si decidía quedarse en la empresa, ¿sería libre o solo un peón más en el juego de Gabriel?