Halis no se contuvo: esto fue lo que hizo al enterarse de la traición de Ifakat y Orhan
La mansión de los Korhan ha sido testigo de la explosión de ira más devastadora que se recuerda en la historia de la dinastía. El silencio sepulcral que solía reinar en los pasillos ha sido desgarrado por la furia de un patriarca herido en lo más profundo de su orgullo. Halis Korhan, el hombre que levantó un imperio con puño de hierro y sangre, no se contuvo al descubrir que las dos personas en las que más confiaba, su propio hijo Orhan y su mano derecha Ifakat, habían estado tejiendo una red de traición a sus espaldas para arrebatarle el trono.
Cuando la verdad salió a la luz, el aire en el despacho de Halis se volvió irrespirable. La traición de Orhan e Ifakat no fue solo un golpe financiero, sino una puñalada directa al corazón del honor familiar. Halis, lejos de mostrarse débil por la edad, reaccionó con la ferocidad de un león acorralado. Con una mirada que prometía el infierno, el patriarca desató una tormenta de represalias que ha dejado a toda la familia temblando ante las consecuencias de desafiar al verdadero dueño de la corona.

Lo primero que hizo Halis fue ejecutar una purga implacable. Sin mediar palabra, despojó a Orhan de todos sus privilegios dentro de la empresa, recordándole con crueldad que todo lo que posee es una concesión de su padre y no un derecho propio. El enfrentamiento físico y verbal entre padre e hijo fue de una violencia emocional inaudita; Halis no solo lo expulsó de la junta directiva, sino que lo humilló frente a los criados, marcándolo como un paria dentro de las paredes que el propio Orhan pretendía gobernar.
Con Ifakat, la reacción de Halis fue aún más gélida y calculadora. Al enterarse de que ella era la mente detrás de la estrategia de Orhan, Halis destruyó en un segundo el estatus de “señora de la casa” que ella tanto se había esforzado por mantener. La expulsión de Ifakat de su círculo íntimo fue una ejecución pública de su poder social. Halis le arrebató las llaves de la mansión y la autoridad sobre el personal, dejándola vulnerable y expuesta ante los enemigos que ella misma se había labrado durante años.
El castigo de Halis no se detuvo en la desposesión de bienes. El patriarca, conocedor de todos los secretos oscuros de ambos, comenzó a mover los hilos para que la justicia, o su versión personal de ella, cayera sobre los traidores. La tensión alcanzó su punto máximo cuando Halis amenazó con revelar información que podría destruir la reputación de Ifakat para siempre, asegurándose de que, aunque sobrevivieran físicamente, su vida social y profesional quedara reducida a cenizas.
La traición ha transformado a Halis en una sombra implacable que vigila cada rincón de la mansión. Su reacción ha enviado un mensaje claro a todos los miembros de la familia: nadie es indispensable y la lealtad es el único precio que garantiza la supervivencia. El miedo se ha instalado en el corazón de los Korhan, mientras observan cómo Halis desmantela, pieza por pieza, las vidas de aquellos que se atrevieron a soñar con su caída.
Orhan, ahora desterrado de la gracia de su padre, se enfrenta a una miseria que nunca imaginó, mientras que Ifakat busca desesperadamente un aliado entre las ruinas de su ambición. Pero Halis no deja margen de maniobra. Ha bloqueado cuentas, ha cortado comunicaciones y ha convertido la mansión en una prisión de lujo donde el desprecio es el único pan de cada día. La ira de Halis es un fuego que consume todo a su paso, y esta vez, el incendio ha sido provocado por su propia sangre.
El suspenso es absoluto mientras la familia asimila el nuevo orden impuesto por el patriarca. ¿Será esta la destrucción definitiva de Orhan e Ifakat, o encontrarán una forma de contraatacar desde las sombras? Halis ha demostrado que, aunque el tiempo pase, su voluntad sigue siendo la ley suprema. Lo que hizo al enterarse de la traición no fue solo una venganza, fue una lección de poder que quedará grabada en los cimientos de la empresa para siempre.
Hoy, la mansión Korhan es un campo de batalla donde los heridos aún no han terminado de sangrar. Halis permanece en su trono, más solo pero más temido que nunca, observando los restos de la rebelión que intentó derrocarlo. El próximo capítulo de esta guerra familiar promete ser aún más oscuro, pues una vez que Halis Korhan decide que alguien es su enemigo, no hay lugar en la tierra donde puedan esconderse de su alcance.