Sueños de Libertad Capítulo 449 (¡Impacto! La madre de Gabriel enfrenta a Damián)

El capítulo inicia en la residencia de los Reina, donde la atmósfera es densa y cargada de preocupación. Damián y Begoña conversan sentados en la sala, repasando los numerosos conflictos que han sacudido a la familia en los últimos días. Ambos están intentando comprender cómo todas esas tensiones han modificado la armonía del hogar y cómo han ido dejando grietas emocionales entre unos y otros.

En medio de esa conversación tan íntima, el timbre interrumpe todo. Manuela, que pasaba cerca, se dirige enseguida a abrir la puerta. No tarda ni un minuto en volver a la sala y, con voz insegura, le anuncia a Damián que tiene una visita inesperada. Él, extrañado, pregunta quién es, pero no recibe respuesta porque, justo entonces, una mujer que ninguno conoce entra decidida en la habitación. Con porte serio, saluda con respeto:
—Buenos días, don Damián. Soy Delia Márquez. Espero no causar molestias.

Damián la observa con confusión, intentando recordar por qué ese nombre le resulta familiar. Le dice que no cree haberla visto antes, aunque algo en su mente le suena. Delia no tarda en aclararlo:
—Quizá usted no me conozca en persona, pero yo sí sé quién es usted. Soy la viuda de su hermano Bernardo… y la madre de Gabriel de la Reina.

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La frase cae como un puñetazo en el aire. Begoña, sobresaltada, apenas puede contener un grito. Damián, por su parte, reacciona lleno de rabia y desconcierto. Afirma que no tiene idea de quién es esa mujer y la insta a irse inmediatamente, asegurando que habla de personas que llevan muertas muchos años, y que lo que está diciendo no tiene sentido alguno.

Delia, herida por la reacción, intenta mantener la calma. Propone que llamen a Gabriel para verificar sus palabras. Sin embargo, Begoña responde que él no está en casa. La tensión crece más cuando la situación emocional desata en Delia una crisis de asma. Begoña, con reflejos rápidos de enfermera, la ayuda a sentarse, le acerca agua y trata de tranquilizarla mientras Delia logra tomar su inhalador. Damián, paralizado ante la escena, solo alcanza a susurrar incrédulo:

—¡Madre de Dios!

Avance del capítulo 449 de 'Sueños de libertad' del martes, 2 de diciembre:  una visita comprometida para Gabriel

Tras unos minutos, Delia comienza a recuperar el aliento. El ambiente se vuelve aún más incómodo mientras Damián la mira sin saber qué pensar. Fue entonces cuando se escucha la voz de Gabriel entrando en la casa y llamando a Begoña. Ella sale a su encuentro y, al ver su expresión seria, él le pregunta qué sucede.
—Tenemos una visita —le informa—. Y ha venido por ti.

El rostro de Gabriel se transforma por completo. Camina nervioso hacia la sala y se queda petrificado al ver a Delia allí, mirándolo con una mezcla de nostalgia y emoción. Ella se pone en pie, abre los brazos para abrazarlo y lo regaña suavemente por no saludar a su madre. Gabriel retrocede, incapaz de reaccionar. Mira a Begoña y su expresión refleja puro pánico.

Todos toman asiento. Delia intenta justificar su aparición repentina, diciendo que solo buscaba darle una sorpresa, aunque quizá no eligió el mejor modo. Gabriel le responde con frialdad, dándole la razón: ha sido una pésima idea. Begoña interviene e informa que Delia aseguró haber avisado de su llegada con una semana de antelación. Gabriel, sin mostrar emociones, pregunta si Damián la vio. Ella contesta que sí, pero que él se marchó enseguida hacia la fábrica para buscarlo.

La conversación entre madre e hijo es tensa desde el primer minuto. Delia insiste en que necesitaba verlo, a lo que Gabriel responde con un tono ácido, reprochándole su impaciencia habitual. Ella, más tranquila, explica que su salud ha empeorado y menciona la fuerte crisis de asma que sufrió recientemente. Gabriel, indiferente, le recrimina haber viajado estando así, sobre todo a un lugar cuyo clima podría perjudicarla.

Delia confiesa entonces que tuvo miedo de morir sin volver a abrazarlo. Esa idea pudo más que cualquier prudencia. Gabriel, más calmado aunque aún rígido, responde que podría haber avisado antes de presentarse de ese modo, recordándole que esa casa no le pertenece. Begoña, indignada, lo mira sin comprender tanta dureza.

Delia, intentando acercarse, toma la mano de su hijo y le dice que él es lo único que tiene en este mundo. Gabriel suspira, consciente de que no puede simplemente echarla. Propone llevarla a un hotel para conversar allí con más tranquilidad. Ella cuenta que llegó directamente desde el aeropuerto. Gabriel insiste con el hotel, pero Begoña se interpone.

Ella decide que Delia se quedará en casa. Le ofrece una habitación para invitados, argumentando que, debido a su estado de salud, es mejor que permanezca bajo vigilancia médica. Delia intenta negarse por cortesía, pero Begoña no cede. Gabriel se enfada e intenta afirmar que su madre es autosuficiente, pero Begoña lo detiene con firmeza: no permitirá que una mujer mayor, recién llegada y enferma, se vaya sola a un hotel.

Delia termina aceptando, agradecida. Begoña la acompaña a su habitación, mientras Gabriel se queda solo en la sala, con el gesto crispado y sintiendo que sus mentiras se derrumban.

La escena cambia. Nos encontramos ahora en la casa de Digna, donde Damián llega a visitarla. Ella, sorprendida, le comenta que tiene mejor semblante. Damián no tarda en explicarle que ha ido a verla con un propósito claro: pedirle perdón. Ambos se sientan y Damián abre su corazón. Reconoce que el día anterior se comportó de manera inaceptable y que dijo cosas terribles. Acepta que Digna siempre ha intentado ayudarlo a superar su depresión, pero él reaccionó cerrándose y dejando escapar resentimientos viejos.

Digna escucha con seriedad y le dice que comprende que está viviendo un tiempo muy difícil. Damián insiste en que quiere cambiar, dejar el odio atrás. Explica que muchos de sus problemas vienen del resentimiento acumulado durante años, un rencor que solo ha destruido lo que quedaba de la familia.

Ella se emociona al oírlo. Admiten que, aunque son familia, siempre han actuado como si fueran enemigos. Damián se atreve a ir más lejos: le pide perdón por todo lo ocurrido tras la muerte de Jesús, sacando a la luz un dolor que los ha marcado durante tanto tiempo. Le pide también que lo perdone a él por sus errores.

“Soy Gabriel de la Reina”: Damián recibe una inesperada llamada

Digna, conmovida, confiesa que no sabe si pueden volver a quererse como antes. Ha habido demasiado sufrimiento por culpa tanto suya como de su hijo Jesús. Reconoce que llegó a odiarlo y que perdió la dirección de su vida, comportándose de maneras que hoy le avergüenzan. Damián la consuela diciéndole que él ya dejó atrás ese pasado oscuro.

Comparten un instante profundamente íntimo, aceptando sus fallos y el peso del dolor que los ha roto. Damián le asegura que ella no merece seguir sufriendo y acuerdan intentar perdonarse y empezar de nuevo.

Pero cuando parece que la calma por fin se asienta, la conversación da un giro inesperado. Digna menciona la boda de Gabriel y Begoña, y Damián decide revelarle la verdad: Gabriel no es quien todos creen. Les ha mentido desde el principio.

Digna queda impactada. Damián explica que Gabriel les hizo creer que estaba completamente solo en el mundo cuando, ese mismo día, apareció su madre en la casa.

Digna queda atónita. Pregunta si Gabriel ha dicho algo al respecto, pero Damián admite que aún no quiere hablar con él, porque siente que ya no puede confiar en su palabra. La mujer se queda pensativa, y de pronto saca una pequeña caja. Toma un papel, anota una dirección y se la entrega a Damián.

Cuando él lee lo que pone, su expresión cambia por completo: sorpresa, incredulidad y miedo se mezclan en su rostro. Digna lo observa en silencio, consciente de que esa nueva revelación puede cambiarlo todo y cerrar este capítulo lleno de secretos y tensiones.