Sueños de Libertad “Andrés Revela Toda La Verdad” Capítulo 441
Hola a todos, soy Andrés. Vengo a compartirles un adelanto del capítulo 441 de Sueños de Libertad, un episodio que comienza con tensión desde la primera escena. En el dispensario, el teléfono no deja de repicar, y es Luz quien finalmente responde. Al otro lado estoy yo, visiblemente alterado, preguntando por Begoña con una urgencia que sorprende incluso a Luz. Sin demora, le pasa la llamada.
Cuando Begoña toma el auricular, mi voz irrumpe entrecortada: “Begoña, necesito verte. He recuperado recuerdos de antes de la explosión. Debo contarte algo… aquello no fue un accidente”. Ella, intentando mantenerse fría, me corta: “Andrés, ya hablamos de eso”. Pero insisto, casi suplicante: “Por favor, escúchame. Veámonos a las doce, en un rincón apartado del almacén general”.
Nerviosa, rechaza la propuesta con un pretexto laboral y cuelga sin dejarme continuar. Luz la observa inquieta y pregunta qué ocurre. Begoña respira hondo antes de admitir: “Era Andrés… quiere verme a mediodía en el almacén. Dice que recuerda cosas”. Luz la mira con suspicacia: “¿Y por qué te lo dice a ti y no a los médicos?”. Begoña no sabe responder. Ambas sienten que algo no encaja.
Mientras tanto, en el laboratorio, Chloe llega para supervisar el progreso de las nuevas fragancias. Luis y Cristina están volcados en su trabajo. Chloe, siempre cortés pero afilada, les pide ver las notas. Cristina se las entrega con cautela. Tras revisarlas, Chloe comenta que la propuesta encaja con las directrices de Brosart y que deben continuar en esa línea.
Cristina, confundida, pregunta qué significa exactamente “continuar”. Chloe lo aclara: deben seguir con esa fórmula para enviarla a París cuando haya una muestra estable. Luis interviene con evidente molestia. Explica que aceptar esa fórmula supone rebajar la calidad. Chloe se mantiene firme: es suficientemente buena y permite controlar los costes.
Luis no contiene su desacuerdo y advierte que abaratar así marcará un mal precedente. Chloe lo corta con frialdad: “Será un precedente que garantizará la continuidad de la fábrica, salvo que usted prefiera seguir poniendo obstáculos”. El silencio resulta casi cortante. Antes de irse, Luis la detiene y confiesa que ha sido muy feliz allí. Ella percibe la carga emocional y pregunta por qué habla en pasado. Con serenidad triste, Luis responde que quizá ya no sea la persona adecuada para permanecer en la empresa. Chloe simplemente replica que esa decisión no le corresponde a ella.
Llega el mediodía y Andrés —yo— espero en el almacén. Camino de un lado a otro hasta que Begoña aparece finalmente. Voy directo al punto: he recuperado recuerdos y ahora sé que ella tenía razón respecto a María. Aquella mañana fingió no poder levantarse, pero yo la vi ponerse de pie momentos antes de la explosión. Begoña se estremece; mis palabras encajan con sus sospechas, pero no quiere aceptarlo.
Le digo que Gabriel estaba al tanto de todo, que manipuló la caldera y engañó a todos. Ella retrocede, incapaz de asimilar lo que oye. Nega por completo mis acusaciones. Intento retenerla y le prometo que hallaré pruebas antes de su boda, que tanto ella como mi padre sabrán la verdad. Incluso le menciono la posibilidad de pedir juntos la custodia de Julia para empezar una nueva vida.
Begoña, horrorizada ante semejante idea, afirma que su futuro está con Gabriel, no conmigo. Le revelo entonces algo más: existe una carta que incrimina a Gabriel en el caso de Remedios. La hija de esta mujer me escribió explicándome que su madre fue acusada injustamente. Esa carta —confieso— la tiene María porque Manuela se la entregó el mismo día de la explosión. La pregunta final de Begoña es la que más me desarma: “¿Y por qué la tiene ella y no tú?”. Intento explicarle que María se puso nerviosa cuando quise hablar con ella y que sospecho que actúa en complicidad con Gabriel. Si no me cree, le digo, que pregunte a Manuela.
Más tarde, Begoña regresa a la casa familiar y, con gesto serio, se dirige a Manuela. Le pregunta directamente si el día del accidente encontró algo en los bolsillos de mi chaqueta. Manuela recuerda enseguida la carta de Francia y confirma que se la entregó a María, que estaba muy alterada. Begoña, aún más inquieta, agradece la información y sube las escaleras mientras María la observa desde la galería, consciente de que ha escuchado toda la conversación.

En otro punto de la historia, las dependientas reciben los nuevos uniformes de Brosart. Las diferencias son notorias: la falda es mucho más corta y el tono amarillo —el color corporativo francés— no convence a muchas. Varias comentan que el antiguo rosa era elegante y armonizaba con la tienda. Marta recuerda que los uniformes originales se diseñaron con sumo cuidado, desde la tipografía hasta los frascos de perfume.
Algunas dependientas consideran que los cambios son innecesarios, otras reconocen que la blusa es bonita pero demasiado escotada cuando deben inclinarse. Las chicas bromean —y se quejan— sobre la falda, que consideran excesivamente corta para Toledo. Claudia intenta mediar, pero admite que parece más vestuario de cabaret que uniforme.
Cuando Marta examina el dossier completo, ve que los cambios no se limitan a las dependientas: también habrá nuevos atuendos para empaquetado y modificaciones en los logos. Marta expresa su preocupación: teme que los clientes no acepten un cambio tan drástico. La representante francesa defiende el diseño y asegura que simboliza modernidad y unidad empresarial.
Marta replica que esa “unidad” está borrando la identidad de Perfumerías La Reina, transformándola en una simple filial francesa. La representante insiste en que la decisión no es estética, sino estratégica, y que no es negociable. Antes de marcharse, pide a Marta que entregue personalmente la muestra en la tienda y recoja las tallas de todo el personal.
El episodio deja un aire de tensión creciente: Andrés intentando evitar la boda de Begoña, la sombra de Gabriel volviéndose más densa, y los cambios impuestos por Brosart sembrando descontento entre todos.